Su llave

No era un hombre de muchas palabras, no le interesaba tomar parte en las conversaciones, simplemente nos escuchaba. Prestaba atención a todo lo que se decía, a todos los que estaban a su alrededor, pero siempre en silencio, como si no estuviera.

Nos preguntaba cosas del tipo -¿qué tal hija?, ¿qué, ya vienes?- Preguntas que no esperaban respuestas largas. Pocas palabras como he dicho. Podías contarle cosas importantes, lo que habías cenado, o si hacía frío… Daba igual. Te sonreía y asentía.

La verdad que sonreía mucho.

Cuando murió mi abuela, prestaba aún más atención a todo. En su nueva vida ya no estaban sus costumbres, todo era ajeno y por mucho que se esforzara siempre había algo desconocido en los mismos sitios.
Cada dos meses cambiaba de casa, de lugar, de hijos y nietos… Cambiaba de conversaciones y ya no sabía cuándo sonreír.

De unos meses aquí me pareció más práctico llevar su llave de mi casa, sólo una en un llavero ligero. Había estado ahí colgada desde que dejó de usarla, sin llamar la atención, sin abrir ni cerrar más. -Que tengas suerte y te vaya bien en lo tuyo- fue lo último que me dijo, el último día que salió de mi casa.
No sabía qué era lo mío, y yo tampoco.

Hoy he perdido su llave.

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