Subir y flotar

Apareciste de forma inesperada e impredecible, tal y como eres. Ahora lo entiendo. Me hubiera gustado que hubiese alguna razón, un algo en mí más allá que una simple casualidad.

Me queda la sensación de haber perdido algo que no he tenido nunca, pero sentí que me pertenecía un poco de aquello compartido. Idealicé. No aprendí a no hacerlo.

Venías con ganas y con un algo arrollador. Poco a poco pensé, pero me llevaste de calle. Me ganaste tan rápido que me deje llevar y confíe. En tí, en el ahora y sobretodo en mí. En mis ganas de querer ilusionarme. En la oportunidad que cabía en un nosotros.

Confíe en ese sentir que te quema las venas y te llena al respirar. Ese sentir que destensa los miedos y alisa las dudas.

Subir y flotar.

Eso te lo debo, aunque no sepas cuánto bueno ha brotado. Tú, que no crees en los regalos ni en las pertenencias, sin saberlo, me has regalado un destello fugaz que ha fulminado inseguridades y recuerdos del pasado que no sabía cómo olvidar.

Ya ves, ahora me pertenece eso de ti. Se acepta cuando uno cede a las sonrisas que no se pueden controlar, a quién nos hacen imposible reprimir la emoción.

Me hubiera gustado más.

Pero ya no queda. El destello ya no brilla igual. El desequilibrio en el sentir no se puede ignorar, ni se puede interferir en la voluntad.

Por mucho que se le marque un camino, encontrará la vía para atravesarnos.

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