Luces por todas partes

Qué sencillo me parecía querer tan poco, la lista de deseos no tenía más que dos o tres y todos ellos precisaban de paciencia y consecuencia. Nos la metieron doblada. Se hizo todo lo que había que hacer y no cambió nada.

Solo había que dejarse llevar por esa presión social que te hace encajar en los convencionalismos de la alegría, en el furor de lo pasajero, en el mucho de todo y poco de nada.

Días llenos, repletos y hasta los topes, que se quedan vacíos con la misma intensidad. Luces por todas partes que ciegan tu atención alejándote de lo importante. La imagen idílica de gente paseando de la mano a pesar del frío y de la niebla que todo lo empaña.

Nada desentona en las calles.

Así funciona esto: mucho, rápido y que todos lo vean. Un ritmo que despista y con el que no se sabe qué se gana o qué se pierde, porque negociar con el tiempo ya no es suficiente.

Y todo es más voluble, más inconsistente, más de mentira… Incluso las personas, víctimas y culpables de ese todo. Se consumen unas a otras y lo valioso que llevan dentro enseguida se descarta. Usar y tirar es la nueva filosofía.

La novedad no perdona, el interés no sabe de plazos fijos y las ganas se venden al mejor postor.

Y aquí, quién no aprende a jugar se queda en el rincón.

Aquí, quién siente, pierde.

2 comentarios sobre “Luces por todas partes

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